Inspiración: Profiles

Riding in LA with Tyler Case on Triumph Bonnevilles

VÍDEO: De paseo por Hollywood

El actor Tyler Case dice «monta y ve a tu rollo»

Reagan Alexander, nuestro colaborador en Los Ángeles, ya nos advirtió de que se trataba de una ruta bastante modesta. Un paseo gris en una mañana de domingo gris. Al menos eso parece, hasta que la prometedora estrella de Hollywood Tyler Case te explica por qué este paseo, a tiro de piedra de majestuosos cañones, desiertos, montañas y el vasto océano, es su ruta favorita.

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Tyler ha elegido una ruta que para los que no se enteran de nada no es más que un rodeo por la periferia.

«Es la ruta que me ponía de buen humor», nos dice el actor de 23 años. «Estos lugares son tremendamente especiales para mí. Atravesamos Hollywood, el lugar donde todo empezó, recorriendo los lugares que parecen ser pasos en la dirección correcta».

Ha elegido un domingo. Quiere salir por la mañana temprano. Quiere abrir vereda por Los Ángeles en uno de esos escasos días en los que al cielo de California se le niega la presencia del sol.

«Es una cosa que me dijeron una vez: ”Monta y ve a tu rollo. No sigas los pasos de nadie. Trabaja en lo que te guste hacer”».

Fotos: Lauryn Myers

Este consejo se lo dio un policía motorizado en un curso de conducción. Es posible que se lo dijera sin ironía y es bien sabido que la policía motorizada de Los Ángeles no tiene mucho aprecio por los que se desplazan sobre dos ruedas, pero aún así a Tyler le llegó a lo más hondo.

Nos encontramos en el cruce de Gower con Hollywood Boulevard. Al norte queda el cartel de Hollywood, esa cosa en la ladera de un monte que pasó de ser el anuncio de una inmobiliaria a convertirse en un icono cultural.

Nuestra primera parada es el Teatro Chino TCL, más conocido por su nombre original, Teatro Chino de Mann, y aún más conocido como el reclamo para turistas de Hollywood Blvd. La calle está sorprendentemente desierta, hay unas vallas metálicas frente al legendario edificio, probablemente por un próximo estreno de cine, porque aquí es donde los famosos se reúnen enfundados en sus mejores galas para festejarse a sí mismos y a sus películas, sonriendo sobre la alfombra roja ante una tormenta de flashes para regocijo de las hordas de rendidos admiradores.

Placer adictivo

Cuando se quita el casco, la sonrisa de Tyler ha crecido hasta límites imposibles, es ancha y sincera. Para él es un retazo de memoria de su infancia, cuando era un turista en una trampa para turistas dándole la lata a su madre para que le comprase un souvenir.

«Mi primer trabajo como actor fue a los seis años en un anuncio del suavizante para lavadora Bounce. Recuerdo con todo detalle el casting y también el rodaje. Nos mudamos a Los Ángeles cuando tenía ocho años».

«Vine aquí por primera vez en 2004 con mi madre, visité Hollywood Boulevard y vi ese ambiente trepidante de ”aquí pasa de todo”. Para conmemorar el momento pusimos nuestras manos embadurnadas en cemento sobre una foto de Hollywood Boulevard que mi madre compró en un puesto callejero.

«Aún la guarda», dice Tyler antes de meterse en el bulevar, una calle que se ha hecho famosa por los famosos. «Tiene una grieta de una de nuestras mudanzas».

Eso es un placer. En ese momento. En el pasado. En lo que ocurrirá más adelante. El placer y el gozo de Tyler es adictivo. Su manera de conducir es adictiva, incluso con las constantes paradas y arrancadas que tenemos que sufrir.

«Se ve que te quieres ir a casa con la moto»

Tiene una Bonnie de 2012, una moto que compró por internet al gerente de una tienda de motos de San Diego. Desde el primer momento la moto lo dominó con la misma intensidad con la que él quería quedarse con la moto.

La idea era tantear el asunto, regatear un poco, pero se dio cuenta de que llegar a la tienda con una camioneta enorme y un remolque no era la mejor manera de comenzar una negociación.

«Llegué como si fuera a negociar, pero aparecí con un camión gigante y un remolque», cuenta entre risas. «Era en plan ”hola, ¿crees que me podrías arreglar un poco el precio?» Y el vendedor me miraba como diciendo ”Anda ya, se ve que te quieres ir a casa con la moto”».

La magia es real

Tiramos por Orange Street. Pasamos por The Magic Castle, un club privado para magos adultos que dicen creer que la magia es real, seguimos por Cahuenga hasta que llegamos a una calle lateral que era la entrada posterior de la escuela elemental de Tyler en segundo y tercer curso, cuando era un niño actor con una madre soltera dedicada a hacer realidad el sueño de su hijo.

La ruta en moto estaba siendo poco fluida, aunque de repente la calzada se quedó sorprendentemente desierta cuando llegamos a la escuela elemental de Valley View. Pero cuando Tyler se quita el casco, su sonrisa es aún más amplia y franca que al principio.

Su madre era actriz, tuvo una oportunidad de perseguir su sueño, se fue desde su casa en Nueva Jersey a una audición que salió mal y no volvió a tener otra oportunidad. Se aseguró de que eso no le fuera a suceder nunca a sus hijos.

«Es una madre asombrosa. Ella no pudo perseguir su sueño, así que cuando mi hermana pequeña y yo tuvimos una oportunidad, mi madre estuvo totalmente de nuestro lado y dispuesta a apoyarnos».

La familia monoparental (una madre, dos chicas y un chico) saltó de Fort Lauderdale a Georgia y a Los Ángeles; Tyler acabó aterrizando en una escuela elemental que le abrió los ojos a un mundo de posibilidades. «Era una experiencia distinta a lo que había conocido en Georgia. En Georgia parecía que sólo había una manera de hacer las cosas, y en Valley View me encontré con una gran variedad en la manera de dar las clases.

«Teníamos dos recreos al día y me parecía la mejor idea del mundo». Teníamos un recreo justo después de comer, que era el momento perfecto».

Y luego está esa fascinación infantil que se vuelve cada vez más adictiva. Esa lógica que le encuentras a la ruta, cómo se relaciona la moto con el asfalto, la lógica que le encuentras a un recreo después de comer. La lógica que le encuentras a los dos recreos.

Grandes sueños

Seguimos hasta el depósito de agua de la Warner Brothers, al que no podemos llegar porque el acceso está cerrado. Cuando aún lo tenemos a la vista, Tyler se baja y reflexiona.

«Esta es la ruta que solía hacer, pasando por esos edificios de Olive y pensando «Quiero trabajar aquí. Quiero cruzar esas puertas y hacer algo grande»».

Ya ha trabajado aquí, así que el sueño está más cerca, pero no deja de ser lejano.

«Cuando todo cobra sentido»

«Cuando estás a solas con la moto no puedes ponerte a darle vueltas a las cosas. Nada te viene a la mente, y si viene, tienes que apartarlo.

«Es una especie de experiencia de meditación. Sobre todo cuando vas por los cañones de Los Ángeles. Cuando el sol está alto y el viento, la luz y el peralte de la carretera te llevan a un lugar donde te olvidas de toda la m… que tiene esta ciudad».

Y entonces todo cobra sentido. Tyler ve esta ciudad, que es su tercer hogar, como lo que es: una trampa para turistas, una tentación, un cartel en una ladera, una ciudad hastiada pero con disimulo. Él conoce el placer que esconde esta ruta en moto, con sus paradas y arrancadas y sus 29 grados, incluso cuando todo es gris sobre gris en un día que debería estar inundado de sol.

Él percibe los colores donde los demás ya nos hemos vuelto monocromáticos.