Inspiración: Big Trip

Viaje en moto «madre e hija»

Hanna Johansson: de alumna a maestra

Hanna Johansson, su mamá motera, una bandada de pingüinos, dos Triumph Modern Classic y una playa desierta de arena dorada en la punta más meridional de Sudáfrica. Las tornas han cambiado.

«Mi madre me enseñó a montar en moto, pero cuando vino a este viaje conmigo, camino de lo desconocido, haciendo cosas como aparcar en una cuesta pronunciada, todo eso era nuevo para ella», nos cuenta Hanna, de Estocolmo.

«Le enseñé cómo hacerlo, la introduje en mi mundo e hice que se sintiera cómoda en él. Y repentinamente me di cuenta de lo mucho que he crecido como persona. Ella no dijo nada pero creo que también se dio cuenta. La maestra se había convertido en la alumna».

Este especial vínculo se vio reforzado cuando se inclinaron al estilo Titanic contra la valla de Cabo Point, para luego seguir con una cata de vinos en uno de los muchos viñedos de Franschhoek y devolver el rubor a sus ventiladas mejillas.

«Bebimos unos vinos fantásticos, comimos unas ostras estupendas y comenzamos a hablar de temas que normalmente no sacamos, cosas de cuando yo era una adolescente y a veces no le decía toda la verdad», comenta Hanna.

«Nada te prepara para eso»

«Fue muy especial. Nos conocimos la una a la otra de una manera distinta que solamente ocurre cuando estás compartiendo una aventura con alguien y cepillándote los dientes juntas». Las dos continuaban la conversación durante la ruta a través de los intercomunicadores de los cascos.

La madre conducía una Speedmaster y la hija una Bobber Black durante once días de viaje, comenzando rumbo sur desde Ciudad del Cabo y acabando en el ventoso Cabo Point y el legendario Cabo de Buena Esperanza.

«La primera parada la hicimos en una playa en la que nos bañamos y tomamos el sol con unos pingüinos africanos, una experiencia absolutamente increíble que ninguna de las dos olvidará. Luego continuamos en dirección sur por esa península que ya nos habían advertido que recibía el azote el viento», nos cuenta.

«Nada te prepara para eso, pero enfrentarme con mi madre a la fuerza desatada de la naturaleza e inclinarnos juntas contra el ventarrón se convirtió en una emotiva experiencia».

«Ella hizo que me aficionase a montar en moto»

El viaje de descubrimiento de madre e hija se gestó cuando su jefe le dijo a Hanna, una veterana de los viajes por Europa y Australia, que se tomase unos días libres. Esa noche dio la casualidad de que mamá llamó por teléfono a Hanna y surgió la idea de poner en marcha el viaje.

Hanna recuerda: «Ella había sido mi inspiración: hizo que me aficionase a montar en moto y siempre la consideré una madre muy chula. Ahora ha visto mi mundo, lo mucho que me apasiona, y ha sido estupendo que estuviese conmigo para compartirlo».

De vuelta al norte y hacia el este recorriendo la suave carretera costera desde Chapman’s Peak, la vista es arrebatadora, salpicada de playas desiertas y el azul turquesa del mar hasta Mossel Bay.

«El motor de 1.200 cc de la Bobber se come los kilómetros sin darte cuenta debido a las espectaculares vistas de cada curva, pero hacer una viaje así con un familiar cercano es aún mejor», nos relata.

«La primera vez que vimos algo espectacular escuché a mi madre gritar por el intercomunicador «¡Woohaa, mamá está en casa!». Fue un momento especial que se convirtió en algo más especial aún porque lo hicimos juntas».

Una de las cosas buenas de tener veintitantos o treintaitantos tacos y viajar con los viejos es que te tratan a cuerpo de rey, como admite Hanna: «Montones de ostras y vino, además de pasar la noche en lugares a los que yo no habría ido por mi economía».

Rumbo norte por la Ruta 62, el equivalente sudafricano de la 66, toca hacer una rápida parada en un bar llamado Ronnie’s Sex Shop, que para parejas formadas por madre e hija puede resultar un tanto embarazoso… hasta que te cuentan la historia del bar de Barrydale. Cuando Ronnie, el propietario, iba a inaugurarlo, pintó en la pared el nombre «Ronnie’s Shop», y a sus amigos les faltó tiempo para retocarlo añadiendo «Sex». Ronnie dejó el cartel tal cual, abrió el bar, y así hasta hoy.

Rulando hacia Ciudad del Cabo

La pareja se encaminó por puertos de montaña y viñedos, uno de los cuales provocó su ruina temporal tras dos días de beber vino y comer ostras antes continuar en dirección oeste hacia Ciudad del Cabo.

Christina, una veterana de la Triumph America, quedó impresionada por las características de la Speedmaster, que hizo muy llevadera la última etapa del viaje hasta el aeropuerto.

En palabras de Hanna: «Mientras rodábamos juntas, todo lo que escuchaba por el intercomunicador era «Anda, si puede hacer esto» y «No me había dado cuenta de esto» mientras trasteaba con los modos de conducción de la moto. Me dijo que al terminar la jornada no tenía las manos cansadas y reconoció que las cosas habían cambiado mucho desde que tenía la America».

Al llegar al aeropuerto de Estocolmo llegó la hora de decirse adiós, pero Hanna admite que las cosas habían cambiado desde que se encontraron en Ciudad del Cabo: «Nos abrazamos pero no dijimos gran cosa. Era diferente de alguna manera y cuando nos dijimos adiós, las dos sabíamos que las cosas habían cambiado.

«Me llamó hace unos días para preguntarme «¿dónde vamos la próxima vez?», y eso es algo fantástico. A cualquiera que esté pensando en hacer un viaje con uno de sus progenitores les digo que aprovechen la oportunidad antes de que sea demasiado tarde».