Inspiración: Gran Viaje

Once motivos para montar en moto por Marruecos

Cuando hablamos de motos hay muchas definiciones para el término “Aventura”. Para algunos, es tan sencillo como el ir y venir al trabajo y los recados, pero hay otros que encontraron la aventura nada más subirse a la moto. Davide Ghiglione comparte con nosotros su concepto de aventura a través de una serie de imágenes y recuerdos resumidos en estos 11 motivos para viajar en moto por Marruecos.

1. Las vista panorámicas del sureste de Marruecos a lo largo de la N12, conocida como la Carretera Lunar por sus fantásticos paisajes que condensan la esencia del lugar y transportan al visitante a un inmenso, agreste y enorme espacio abierto.

2. La moto, el dromedario y el árbol de acacia… Son los únicos puntos de referencia a lo largo de una inacabable recta desde un lugar cualquiera a otro. Te paras. Tu mente y tus pensamientos te dicen que pares, que dejes de correr con la moto. Y entonces te encuentras a ti mismo solo, en medio de la carretera, en silencio, mirando alrededor y rodeado de luz y de un gran silencio.

3. Esos largos momentos, muchas veces a solas, se convierten en los más valorados cuando viajas a los mandos de una Triumph Tiger Explorer. Para todos los motoristas la moto se convierte en su mejor compañera, una amiga en el viaje, no sólo un medio de transporte. Se crea un vínculo especial e irrompible, como el catalejo y el sextante para un marino, o el cohete para un astronauta.

4. El aire, el viento, los olores, los aromas, los colores que abordan tus sentidos como una avalancha de percepciones directas a tu cerebro, incluso aunque sepas que no serás capaz de recordarlo todo. Pero vas activando todos y cada uno de sus sentidos cada vez que inspiras.
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5. No pasa nada si no puedes retener todos esos estímulos para los sentidos que vas dejando atrás en el viaje, especialmente cuando de repente notas esa sensación de júbilo (tal vez esa no sea la palabra idónea) o de estar en contacto con algo realmente único y especial… ¿euforia? La naturaleza, el ambiente, el paisaje, la moto, tú.

6. Una señal de tráfico cerca de un árbol, un dromedario pastando plácidamente algunas hojas justo antes de llegar a la primera curva tras recorrer kilómetros de recta. Una oportunidad para hacer otra parada… otra pausa. En la moto, estos grandiosos espacios abiertos se sienten distintos a cuando paras y los observas con admiración e intriga, con todos tus sentidos centrados en lo que te rodea, sin otros pensamientos que no sean mirar a tu alrededor.

7. Una colina desnuda y erosionada con las cicatrices visibles de las capas geológicas, la sombra del árbol de acacia, las líneas de la carretera que se convierten en parte del escenario hasta convertirse en un telón de fondo perfecto para hacerte una foto con tu moto que se asemeja a un paisaje lunar. De nuevo en el asiento de la moto, dejas atrás el asfalto y te diriges hacia las montañas, que se van haciendo más nítidas según te acercas.
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8. Subir al Col du Tichka, en el Atlas, para hacer conseguir unas fotos de recuerdo con las dos torres y la placa conmemorativa con la inscripción de la altitud sobre el nivel del mar. “¡Lo hice! ¡He estado ahí!”.

9. Ir desde las interminables llanuras hasta lo altos de las montañas. La hostilidad del entorno se mantiene constante, al igual que la sensación de inmensidad y sequedad. Lo único que cambia son las formas del terreno.

10. La velocidad… Cuando te subes de nuevo a la moto en semejante espacio abierto hasta que la carrera te lleva a algún poblado bereber. Parar aquí no pasará desapercibido ni será un descanso solitario. Mientras los adultos te escanean de arriba abajo desde la distancia, en las ventanas o en los tejados; las manos de las mujeres se mueven rápidamente a sus velos tan pronto notan que te diriges hacia ellas. Los niños, en silencio, aparecen de todos lados y te rodean movidos por la curiosidad.

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11. No hay mejor ocasión para guardar un recuerdo del viaje que una foto: la moto y los niños con los que te pusiste a jugar chocando la mano y diciéndote su nombre. Esa curiosidad y esas sonrisas se te graban en la memoria junto con los colores, la luz, los paisajes y los aromas que has ido recopilando a lo largo de la carretera.