Inspiración: Big Trip

Irán: Tierra de sorpresas…

… donde la policía quiere viajar de paquete

Cuando un policía intenta darse un paseo en el asiento trasero de tu Triumph porque le gusta, es hora de preguntarse si habría que creerse todos los estereotipos.

Quizá la advertencia «Evite todo viaje no imprescindible» sea exagerada, pero esto es Irán, un país desterrado de las listas de destinos turísticos de los occidentales durante muchos años. Sin embargo, los que hagan el esfuerzo de llegar hasta allí se encontrarán con un lugar vivo, colorido y tremendamente acogedor que hace que el viaje valga la pena.

Kevin Sanders, guía turístico de Globebusters y récord mundial en dar la vuelta al mundo en moto, fue una de las primeras personas en organizar un viaje por aquella república islámica del golfo pérsico que «echó por tierra todas las ideas preconcebidas».

«Recorrimos Irán durante ocho días. Teníamos que contar con un guía oficial para conseguir los visados, pero no nos vigilaba y la relación fue muy relajada», explica.

«Investigamos a fondo para este viaje y hablamos mucho con los guías locales, que conocían el país y su capital, Teherán. Así conseguimos evitar casi todos los problemas».

Sencillo y acogedor

Aunque el proceso para conseguir un visado es lento y caro (unos 270 euros) y el trámite se realiza desde el consulado iraní en Estambul, viajar por Irán fue sencillo y acogedor.

En palabras de Kevin: «Todo el mundo en la frontera sonreía, hablaba inglés y nos daba la bienvenida. Tenían incluso una delegada especial de turismo que hablaba inglés fluido. No hubo tensiones, no nos registraron e incluso nos dejaron tomar fotos de la frontera».

No hubo zonas prohibidas para viajar: «Todos los días los lugareños se paraban a hablar con nosotros y darnos la bienvenida a su país. No había puestos de control y los pocos policías que nos pararon estaban realmente interesados en nosotros y en las motos, incluido un policía quería ir a Teherán montado de paquete en mi Triumph Tiger Explorer».

La fortuna ayuda a los audaces

Pero lo que dejó mejor impresión en aquellos viajeros, tan audaces como para ir hasta allí, fue la acogida de los iraníes.

«Todos estaban encantados de hablar con nosotros y practicar el inglés. Irán es un país islámico, pero parecía menos estricto que Turquía. Las mujeres tienen que cubrirse la cabeza, pero parecía que la cosa se estaba relajando y complementaban el pañuelo con gafas de sol de marca, maquillaje, tejanos, zapatillas de deporte o incluso tacones», relata Kevin.

Irán guarda más sorpresas, como descubrió el grupo al visitar las grandes ciudades como Tabriz y Teherán.

Cinco carriles donde sólo caben tres… o eso parece

Kevin nos explica: «Los lugareños tienden a conducir muy cerca unos de otros y cambian de carril sin avisar. Consiguen sacar cinco carriles donde sólo hay marcados tres, pero el tráfico fluye y tienes que moverte con la corriente. Olvídate de los intermitentes: toca la bocina y échale valor.

«Muchos conductores se acercan a ti en marcha para mirarte y hacerte fotos. Te encuentras con gente que circula junto a ti a 100 km/h y se estiran por la ventanilla para intentar charlar contigo. Todas las señales de tráfico están escritas en farsi (persa) y en inglés, así que orientarse no supone ningún problema».

La soledad de la montaña

Si buscas soledad, las carreteras de montaña del norte son preciosas y recónditas, con poco tráfico. Pero existe el riesgo de dejarse invadir por una falsa sensación de seguridad como si estuvieses en los Alpes, porque la posibilidad de encontrarte con un imprevisto o un bache es bastante mayor.

Algunas sorpresas

En palabras de Kevin: «Unos de los pocos inconvenientes del viaje a Irán es que no hay alcohol, o al menos no lo hay a la venta ni a la vista. Los lugareños dicen que es fácil comprar alcohol y bebértelo en casa –algunos elaboran su propia cerveza– pero no quisimos arriesgarnos a obtener alcohol ilegal, así que nos quedamos sin el placer de una cerveza fría al final de cada etapa.

«La tecnología estaba más avanzada de lo que esperábamos. La cobertura de teléfono era perfecta y los hoteles tenían wi-fi, pero Facebook estaba bloqueado».

El precio del combustible oscila entre 20 y 30 céntimos el litro. Compáralo con Turquía, el país anterior, que con 1,40 euros por litro tiene uno de los combustibles más caros del mundo.

¿Volverías?

«Fue una experiencia muy positiva», relata Kevin. «Aparte de echar mucho de menos tomarme una cerveza, en general fue una gran sorpresa para todos los que no habíamos estado allí antes. Nos quedamos con ganas de ver más y el viaje echó por tierra casi todas las ideas preconcebidas que teníamos».