Inspiración: Festival

Nowhere 2018

Festival de motos personalizadas en Joshua Tree

En pleno desierto, pilotos, constructores, personalizadores y músicos se reúnen para alcanzar una cima entre la comunidad motociclista que no tiene parangón. Abrasadoras dosis de sol californiano, historias de hogueras y sustos en forma de cactus aderezan un viaje vertiginoso y extraño. Síguenos en moto a Nowhere…

Por Reagan Alexander

Es el desierto, de modo que se cumplen tus expectativas: ese lugar de encuentro entre el cielo y el infierno. Ves arena, ves cactus y se percibe una sutil presencia de serpientes que, en su debido momento, te llevará a la perdición cual pasaje bíblico. Nowhere, ese lugar donde el intenso viento te sorprende a ti y a tu moto mientras tratas de mantener los pies en las estriberas por una carretera de dos carriles, lidiando con el polvo y los insectos que de forma inexplicable se te cuelan en el casco, vences la moto en ángulos de 30 grados, y rezas porque los latigazos ventosos no te barran al carril contrario y tu camino se vea interrumpido por una atestada furgoneta de regreso a Las Vegas.

Nowhere Motor Show 2018
Fotografías: Lauryn Myers

Bronceado desértico

El viaje de Los Ángeles a Joshua Tree se pasa volando y al atardecer llego, con mi bronceado desértico puesto, a un caserío que de granja tiene poco, situada en mitad de la nada. Para los no iniciados, «bronceado desértico» es la suciedad y la arena que se te adhieren a la piel y al sudor mientras montas en moto por un terreno baldío cuyas temperaturas oscilan entre un calor apenas soportable y un frío apenas soportable. El bronceado desértico no solo hace de ti un daguerrotipo viviente, sino que es el abrazo que te da el desierto.

Nowhere Motor Show 2018

«Se te ha clavado un cactus en la pierna»

Me presentan al fundador del festival Nowhere, Errol Colandro; éste se me enrosca en un abrazo que es demasiado rápido y a la vez demasiado largo, solo porque ambos estamos acalorados y cubiertos de polvo y porque apestamos a la gasolina y suciedad con las que el viento nos ha impregnado. Errol se para a contemplar el cielo, que bendijo a su repentino campamento la noche antes de la reunión, se olvida de mí por unos instantes y, a continuación, dice: «Hermano, ¿dejará de sorprender algún día Joshua Tree?»

Nowhere Motor Show 2018
Errol, fundador de Nowhere (fondo); Dumptruck (izquierda); Reagan (derecha), y Handsome James Ferdinand (¡primer plano, centro!).
Aunque es una pregunta retórica, mi respuesta se limita a «No, Errol, no lo creo». Es en ese momento cuando Errol, mente al ralentí, a la velocidad que permiten dos horas de descanso en dos días, se percata de mi presencia y dice, de un modo tan desenfadado como sus primeras palabras: «Tío, se te ha clavado un cactus en la pierna».

Está en lo cierto: Errol y yo nos damos cuenta de las espinas que me sobresalen por encima de la piel de la rodilla derecha, e incluso le permito utilizar el término «tío». No es nopal ni biznaga de agua, sino cholla plateada, y lo sé porque Errol recita de un tirón una lista de cactus que podrían corresponderse con el que me lacera la pierna y observa la longitud de las espinas que se me clavan sin mi permiso.

«Vamos a sacártelas, hermano».

«Me puse en contacto»

Nowhere es una novela de amor. Escrita no al estilo convencional, sino con la misma pasión y con el propósito irrefrenable y temerario que caracteriza a este tipo de obras literarias. Errol —interesado en la mecánica, fotógrafo y afanado colibrí de casi 1,83 m de altura, cuya alegre capacidad de concentración equivale a un sugerente guiño de los ojos— amaneció una mañana y gritó: «Me aburro; quiero hacer algo». Quizás se hiciera una pausa, quizás no —ya que Errol no es dado a ello—, antes de que dijera: «Voy a montar un festival de motos». Así que esta sencilla proclamación dio a luz a Nowhere.

«Nos juntamos todos —afirma Errol sobre los valores de su evento, cuya semilla no está en el hastío ni en el aburrimiento, sino en el amor genuino y libre que sienten las personas con las que sale de ruta y a las que retrata en sus fotografías, personas que son algo más que amistades pasajeras—. Somos una comunidad, una familia. Me puse en contacto con todos los que ves a mi alrededor y les propuse organizar este evento y aquí están. Para mí esa es la finalidad de este festival».

Triumph Bonneville at the Nowhere Motor Show 2018

Acto seguido, Errol saca dos clavos metálicos de tienda de campaña y, aplicándolos a modo de rudimentarios fórceps, me extrae de la pierna el erizo de cactus del tamaño de una pelota de béisbol. «Te ha tenido que doler» —dice Errol.

Motos, diseños y «blues»

En la noche que precede a Nowhere, se celebra una barbacoa en el desierto para «constructores y amigos», que resultan ser tres cajas de pizzas vacías, una hoguera y un pequeño cónclave de moteros de toda índole donde se habla sobre motos, diseños y cantantes de «blues» del nuevo milenio.

Nowhere Motor Show 2018 Moto Chop Show Triumph

Hay diseños de Triumph de British American Motorcycles y de Moto Chop Shop, junto a artículos de Stellar Moto Brand.

British American Motorcycles at the Nowhere Moto show 2018

«Cada uno de los constructores cuenta una historia concreta; detrás de cada diseño late una historia distinta —afirma Errol—. Como ponen toda su alma en el empeño, pensé que podríamos proponer una reunión de todos ellos y fomentar la asistencia, incitar a los demás a integrarse en esta forma de vida».

Una familia sobre dos ruedas

Aunque amar a las motos resulta ser una tarea sencilla (esas dos ruedas que te llaman con el tufillo a gasolina y el ruido del aceite en cualquier mañana fría pero soleada), otra bien distinta es amar como es debido la cultura que entraña ser motorista. La belleza de Errol, la belleza del festival Nowhere, reside en que su fundador comprende y acepta todo esto.

«¿Qué haces si mientras conduces ves una moto aparcada junto a la carretera?» Errol lanza de nuevo al aire una pregunta retórica, que él mismo se encarga de responder: «Te paras, le ofreces tu propia bujía al motorista, os ponéis juntos a comprobar la avería e intentáis arreglarla. Eso es los que somos, de eso va nuestra comunidad. Somos una familia y todo lo hacemos juntos».

Un hombre llamado «Dumptruck»

El contramaestre de Nowhere, su maestro de ceremonias, es una fuerza de la naturaleza que recibe el nombre divino de «Dumptruck» [«camión volquete» en español]. Este es otro aspecto más que explica la belleza de Nowhere: en el grupo también existe alguien llamado Chris, Mike, Sarah y Dave, así como una Dakota, un Rambling Jesse [«Jesse trepador»], un Dusty Coyote [«coyote polvoriento»] y un Raven [«cuervo»]. Nowhere es un concepto que simplemente no se puede inventar. Aunque de origen genuino, dicho concepto sabe reírse de sí mismo, detalle que expresa sin rodeos el tatuaje que adorna la portentosa panza de Dumptruck, que se extiende de cadera a cadera y que reza, sencillamente, «Ridículo».

Nowhere Motor Show 2018
Diseños personalizados de Moto Chop Shop

Le pregunto a Dumptruck qué es lo que lleva a la espalda de su chaleco. Hago la pregunta, porque no estoy seguro. Me responde, en términos para nada inseguros pero que difícilmente podría escribir aquí, que se trata de un retrete, en cuyo interior, observo, hay un rollo de papel higiénico cosido. Sin embargo, Dumptruck trasciende el personaje o la caricatura: es un entendido, de léxico desagradable pero versado y con una voz sorprendentemente suave.

«Llevo 10 años dedicado a las ferias motociclistas —me cuenta Dumptruck—. Y no siempre se encuentra mucha variedad. Se exponen las mismas motos y se ve a la misma gente y los mismos círculos; porque, hagas lo que hagas, es imposible quedar al margen de esos grupos».

El nicho de Nowhere

Dumptruck añade lo siguiente: «Esto es diferente. Es mucho más diverso y atrae a distintos tipos de amantes de las motos, que probablemente no respondan a la etiqueta de «moteros», lo cual no quiere decir que no monten en moto, sino que lo hacen de un modo diferente, y a mí me gusta lo diferente».

Errol entorna los ojos, cuyas comisuras arruga un poco mientras recibe los rayos de un sol que aún se despierta, porque en el desierto cunde la sensación de que el sol no deja nunca de salir. La sombra que el fundador de Nowhere proyecta al medio día es de una longitud imposible y de una delgadez imperceptible. «Esa es la razón por la que montamos en moto; se trata de nuestras sesiones de terapia» —dice al tiempo que asimila la risa que resuena por el desierto.

«La familia es esto. Todos y todas codo con codo, todas y todos haciendo estas cosas maravillosas en comunidad; es nuestro deber y en eso consiste el festival: nuestra comunidad».

Y luego se da ese instante que solo el desierto es capaz de describir con propiedad, en el que el viento arrecia y juguetea con la carpa de uno de los vendedores tratando de arrebatársela, la arena se proyecta dando vueltas en un pequeño torbellino y un trío de negros y afilados pájaros revolotean repentinamente perforando un cielo de un azul ilusorio manchado por nubes nuevas y blancas trazadas por el pincel de Georgia O’Keeffe.

«Todo consiste en eso —afirma Errol, repentinamente cansado y al mismo tiempo satisfecho, quieto por un momento—. Nos vamos a Nowhere, a ninguna parte, para que nos encuentren».