Inspiración: Interview

El mayor recaudador de fondos de EE. UU.

La historia de Vincent Nicolai

Uno de los mayores recaudadores de fondos del DGR ha realizado una gran contribución, llegando a recaudar más de 19 000 libras y todavía sigue buscando donaciones.. De Saint-Tropez a Nueva York, la historia de Vincent es una historia de trabajo duro y compromiso. Nos la cuenta Jake Szufnarowski, nuestro redactor en Nueva York.

El gusanillo

Si creciste en Saint-Tropez, en el sur de Francia, tener tu propia moto no era un lujo. La población de este aburrido pueblecito costero, normalmente de 9000 habitantes, llegaba a alcanzar los 500 000 en los meses de verano, lo que colapsaba prácticamente todas las carreteras y obligaba a hacerse con un medio de transporte ágil para poder llegar al trabajo atravesando las aglomeraciones.

La moto no solo era un elemento importante para poder disfrutar de esta libertad a la hora de ir a trabajar, sino que era algo mucho más importante.

Y si hay algo que hizo Vincent, eso fue trabajar. De niño, su padre le dijo que tenía que ganarse su propio dinero si quería jubilar la vespa heredada de su hermano y hacerse con una moto de verdad.

Vincent no era tonto. Se dio cuenta inmediatamente de que una moto no solo era un elemento importante para poder disfrutar de esta libertad a la hora de ir a trabajar, sino que era algo mucho más importante: era lo que iba a hacer que pasara de ser un niño a ser un hombre.

De este modo, Vincent empezó a trabajar en los puestos de productos del campo que bordeaban las calles de Saint-Tropez y empezó a aprender inglés, lo que le permitió hacer amistades, recibir propinas y empezar su carrera como maestro de las relaciones públicas. Hizo amigos de todas partes del mundo, pero tenía una especial predilección por los estadounidenses, que no solo eran los que dejaban mejores propinas, algo inusual en Francia, sino que también le hacía regalos:

una camiseta de los Yankees, una gorra de los Chicago White Sox… y al final acceso al círculo dorado, invitaciones a las villas de verjas doradas para jugar al tenis con las bellas señoras de los palacetes. ¡No es extraño que Estados Unidos le impresionara tanto!

Sueños americanos

Después de probar la buena vida, sus padres decidieron mudarse a la isla de Ré, una pequeña isla de pescadores frente a la costa de Francia. Pero, como dice el refrán, quien ya ha visto la corte (o, en este caso, le ha cogido el gusto a los Estados Unidos), no vuelve al cortijo.

Así que Vincent consiguió algunos trabajillos en restaurantes y hoteles de Niza y, siendo el artista de las relaciones públicas que es, se hizo amigo de un chef de Les Halles, en Washington, que estaba de visita y que le ofreció la oportunidad de irse a trabajar allí. Vincent aprovechó la oportunidad y compró un billete de avión de ida para el nuevo mundo.

No llevaba ni una semana en Washington cuando Vincent tuvo su primera oportunidad de visitar la Gran Manzana, la ciudad de Nueva York. Allí, Vincent no perdió el tiempo a la hora de introducirse en el exclusivo mundillo de los restaurantes neoyorquinos.

En su primera noche en la ciudad, se hizo con un trabajo en el famoso bistró francés L’Actuel. En tan solo un mes, ya llevaba las riendas del local y cubría los puestos libres con otros amigos franceses que había conocido en Nueva York, llamando a su país para pedir cada vez más refuerzos.

En poco tiempo, Vincent y su ejército culinario francés habían llenado una pensión de la Cocina del Infierno en la que ocupaban la mayor parte de sus 60 habitaciones. En pocas palabras, era el paraíso en la tierra; un joven francés suelto en el mundo de la hostelería de la Nueva York de los 90, en plena era Bourdain, cuando todo estaba permitido. Las fiestas no eran un evento ocasional, eran algo obligatorio. Cocinar, beber… y vuelta a empezar. Se dormía cuando se podía. Si se podía.

Maria y las motos

Entonces, como solía ocurrir en la excepcionalmente impredecible vida de Vincent, una noche de junio de 2002, todo cambió en un abrir y cerrar de ojos. Esta vez, para mejor. Mientras se encontraba tumbado en el patio de su bloque de pisos en Queens, en medio de la oscuridad de la noche, apareció en uno de los balcones de arriba una hermosa silueta recortada contra la luz que lo invitó a subir a tomar té.

Esta aparición era Maria, quien rápidamente se convirtió en el amor de su vida. El resto, como dicen, es historia. Se mudaron juntos unos meses después y, después de que ella dijese que sí en un rapto de locura, se casaron en un par de años.

A medida que se iban haciendo a su nueva vida, Vincent se dio cuenta de que había una cosa que echaba de menos. Una moto. Había estado llevando una vida tan frenética en la gran ciudad que hasta que no se relajó un poco no se dio cuenta de que, desde que vivía en los Estados Unidos, aunque había estado viviendo rápido, no había estado conduciendo rápido.

Fotografía de Rahoul Ghose

Así que, tras discutirlo con Maria y prometerle que contrataría un enorme seguro de vida, decidieron que volvería a subirse sobre dos ruedas. Unos días después se dirigió a la tienda Triumph de Manhattan, donde encontró al segundo amor de su vida.

Una hermosa T100 de 2008 en rojo y plateado. En poco tiempo ya había sido desmotada, simplificada y vuelta a montar con cariño, pintada y personalizada y convertida en la impresionante máquina que es hoy. Una máquina que acabará siendo heredada por su hijo Enzo.

Primero se atrevió con la SaddleSore 1000, recorriendo 1000 millas (unos 1600 km) en 24 horas a través de Nueva Jersey, Pensilvania, Maryland, Virginia Occidental y Virginia

Tan pronto como volvió a tener una moto, se dispuso a recuperar el tiempo perdido. Un mes después de habérsela comprado y de pelear por un permiso de motos de los Estados Unidos (por supuesto a través de la Motorcycle Safety Foundation, www.msf-usa.org), se echó a la carretera y recorrió, en 13 días, los 8000 kilómetros del trayecto de ida y vuelta entre Nueva York y Santa Mónica por la antigua Ruta 66.

Tras hacerle algunas mejoras y cambiarle los neumáticos, se planteó hacer algunas maratones en moto y acabó decidiéndose por un par de rutas de Iron Butt. Primero se atrevió con la SaddleSore 1000, recorriendo 1000 millas (unos 1600 km) en 24 horas a través de Nueva Jersey, Pensilvania, Maryland, Virginia Occidental y Virginia Solo cuatro meses más tarde se hizo la Bun Burner 1500, en la que recorrió 1500 millas (unos 2400 km) en tan solo 36 horas.

Para este viaje diseñó una ruta que lo llevó por los mismos estados pero que terminaba en la carretera de los EE. UU. más famosa entre los moteros: la Cola del Dragón en Deal’s Gap, Carolina del Norte, con sus 318 curvas cerradas de montaña en 18 km.

Cuando este hombre se propone hacer algo, no se anda con medias tintas. Hasta el momento, ha hecho más de 80 000 km en su T100.

Ayuda a Vincent a ayudar a otras personas

Por ello no es sorprendente que sea uno de los líderes en la recaudación a favor del Distinguished Gentleman’s Ride. Ha sido el mejor recaudador de Nueva York durante los últimos cuatro años, y ha quedado en 5.º, 4.º y 4.º puesto respectivamente en la clasificación mundial durante los últimos tres años, duplicando cada año su aportación en dólares desde que empezó. Este año está intentando alcanzar su meta de 30 000 $ (más de 26 000 €). Si lo consigue, ha prometido afeitarse la barba durante 10 meses. Sí, el símbolo de su masculinidad. Esa barba sin la que su hijo no lo ha visto nunca. Está claro que, con un corazón tan grande, este chico malo tiene una cara de niño debajo de su poblada barba y estamos deseando verla, especialmente porque eso significaría que ha vuelto a ser el líder en la colaboración con esta impresionante causa benéfica.

Puede que Vincent Nicolai sea un motero algo canalla, pero también es todo un hombre. Por esta razón, colaborar con esta maravillosa causa a favor de la salud masculina es tan importante para él. Está decidido a cambiar la tendencia que tienen los hombres fuertes de no hablar de su salud, animándoles a luchar por su bienestar. El cáncer de próstata y la salud mental son dos de los problemas de salud más abrumadores a los que se enfrentan los hombres.

«Los hombres fuertes no quieren hablar de su salud, especialmente en lo que se refiere a sus traseros», nos dijo.

Lo único que tienes que hacer es hacer una donación al Distinguished Gentleman’s Ride. Y luego ve a hacerte un chequeo. Puede salvarte la vida.

Ve a www.gentlemansride.com y ayuda a Vincent a alcanzar su objetivo de recaudación. Puedes donar hasta el 14/10/18.

Ayuda a Vincent a alcanzar su objetivo.:

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