Inspiración: Big Trip

El Great Malle Rally

Una Triumph Thunderbird y un viaje de 2.000 km

El Great Malle Rally, conocido anteriormente como Great Mile, es un rally para motos clásicas y retro-modernas desde el Castillo de Mey, en Escocia, hasta The Lizard, en Cornualles. Está organizado por Malle London, fabricante de accesorios de aventura para moto. Robert Nightingale, responsable del evento, nos explica de qué va la cosa.

«Decidí ponerme a los mandos de la Triumph Thunderbird custom de 1957 de mi difunto padre», cuenta Robert. «El año pasado conseguí hacerla funcionar y resultó ser la moto más antigua de la edición de 2018».

Es una historia de gran compañerismo, estupendas motos y auténtico sabor británico por la impresionante Escocia y la empapada Gales hasta llegar a la tormentosa Cornualles.

«Doblé un poco el guardabarros…»

Como la mayoría de los participantes, la víspera del rally aún estaba intentando acabar la moto a tiempo, buscando piezas en el último momento. En el patio delantero del Classic Car Club de Londres, punto de recogida de las motos con base en Londres para ser enviadas a Escocia, las tripas de la Thunderbird estaban esparcidas alrededor de la moto. Cada hora llegaban más y más motos participantes, lo que añadía más presión a la inminente hora tope.

Fotos: Amy Shore

Conseguí cambiar un macarrón para el aceite y montar un manillar California. Doblé un poco el guardabarros para hacer sitio a unas ruedas de trial más grandes, coloqué las placas de matrícula y cambié el aceite. Tras callejear un poco por Shoreditch y pasar por The Bike Shed para probar los frenos y comprobar el nivel de aceite, la moto ya estaba más o menos lista para el sarao.

La gente de Ace Classics me ayudó a llenar el rulo de herramientas con unos cuantos extras (juntas, bujías, tornillos raros, más cables, manetas, etc.) y me aconsejaron que me lo tomase con calma para asegurarme de que la moto sobrevivía a la prueba. Inicialmente pensaba rodar en días alternos dándole a la moto un descanso entre etapas… bueno, ese era el plan.

«El cepillo de dientes en una mano y una llave inglesa en la otra»

Tras 24 horas subiendo por el mapa desde Londres llegamos con los vehículos de apoyo al final del país y montamos el campamento del rally en el extremo norte de Escocia. El campamento daba al Mar del Norte desde el Castillo de Mey, con el fulgor de las refinerías en el horizonte detrás de las islas de Stroma y Orkney, y las focas jugando en la bahía a nuestros pies. Por aquí la costa es muy escarpada y abrupta, con pocas construcciones. El clima puede cambiar totalmente en apenas tres horas y pasar de un sol radiante a una ventisca.

Me levanté a las cinco de la mañana y los chicos de Nomadic Kitchen, Tom y Will, ya trabajaban con ajetreo sobre los fogones preparando un contundente desayuno para todo el mundo. Las mañanas de los días de rally suelen ser un follón, y la del primer día es la más caótica. Motos y trastos por todas partes: pilotos a medio vestir de cuero corriendo de las motos a las tiendas con el cepillo de dientes en una mano y una llave inglesa en la otra, buscando alguna pieza rara que estaban seguros de haber metido en el equipaje.

A las seis de la mañana tuvimos el briefing con los comisarios de carrera y poco después se largaron pitando en moto. En ese momento me sentí como si comenzásemos el mayor juego del escondite del mundo. Los comisarios se marcharon dos horas antes de la salida para establecer los puntos de control e informar de cualquier problema en la ruta. Dejamos las bolsas de viaje en los coches de apoyo y nos dirigimos a la línea de salida al pie del castillo. La suerte estaba de nuestra parte, no se veía ni una nube en el cielo y había una temperatura estupenda. ¡Cuando hace bueno, Escocia es verdaderamente bonita!

«La Thunderbird empujaba con ganas»

Sacamos los libros de ruta, los sellamos, cayó la bandera y el rally ya estaba en marcha. Los equipos salían en intervalos de cinco minutos. Mi plan consistía en empezar cuando el último equipo hubiera salido y alcanzarlos.

Después de todos esos meses de planificación era estupendo estar en la carretera. Yo acompañaba al Team7, dos parejas con Bobber y Triumph modernas. Durante las primeras horas del día apenas vimos otros participantes mientras seguíamos la carretera que serpentea siguiendo la costa, uno de los tramos más bonitos de la ruta North Coast 500.

La Thunderbird empujaba con ganas e iba suave como un reloj. Hicimos un tiempo estupendo al pasar por Tongue Bridge, el punto de control 2 y el punto 3. La etapa 1 fue facilona, solo tuvimos que girar a la derecha un par de veces. El resto del día no hicimos más que seguir una preciosa -y angosta- carretera comarcal por toda la zona oeste de las Highlands escocesas, un paraje de espectacular naturaleza virgen. En algunos puntos el mar era de un precioso azul turquesa. Si no fuese porque sabíamos que estábamos en Escocia, aquellas playas de arena blanca podían haber pasado perfectamente por el Caribe.

«…unos improvisados Juegos de las Highlands»

Antes de que nos diésemos cuenta, las siete horas de ruta habían terminado y ya estábamos en el campamento del rally en Torridon Estate. Torridon no nos defraudó. La hacienda está regentada por una encantadora pareja germano-escocesa que nos sirvió «tapas de tartán» con vieiras del lugar y pescado del lago. Después de la reunión informativa y del correspondiente whisky, sacaron los instrumentos, comenzó la música escocesa y acabamos montando unos improvisados Juegos de las Highlands. Después de que nos dieran una tunda en el juego de tirar de la cuerda, pasé a algo que se me da mejor: trastear en la moto. La moto parecía estar bien, mantenía el ritmo de las motos modernas y se sentía en su elemento en esas reviradas carreteras.

La etapa 2 era claramente más larga, ocho horas de ruta en total. Llegamos al punto de control 3 al inicio de Glencoe, el Great Glen. Fue una ruta impresionante por aquel monstruoso valle, con imponentes montañas a ambos lados y venados pastando en las laderas de brezo y granito.

«Tuve que apretar la barbilla contra el depósito»

El cuarto día ya notaba el desgaste de tres jornadas completas sobre la moto. Con 1.200 km y dos naciones a nuestras espaldas, entramos en Gales. Nos detuvimos un par de veces a ponernos el traje de agua, pero la mayoría de las veces se trataba simplemente de lluvias suaves, así que rodamos en grupo por las retorcidas carreteras del Parque Nacional de Snowdonia y la famosa A470, votada como la carretera más bonita del país, alrededor de Mount Snowdon y recorriendo el valle.

En el punto de control 3 se nos unió otro equipo con una veloz Triumph Thruxton a la cabeza del grupo. Para seguirles el paso tuve que apretar la barbilla contra el depósito, meter los codos e intentar sacarle unos cuantos kilómetros extra de velocidad a la moto. La llave se me debió caer en algún lugar de Snowdonia y tuve que tomar prestada una cucharilla de café, que funcionó estupendamente para arrancar la moto.

«Mi último par de guantes empapado»

Se suponía que el último día del rally iba a ser el más corto, pero los dioses del motociclismo tenían otro plan en mente. El último día tiene que haber un poco de suspense, no va a ser todo coser y cantar. Nos levantamos con la buena noticia de que la tormenta no había comenzado aún, pero unas nubes muy feas y rebosantes de agua asomaban por el horizonte. Habíamos previsto que el último día la jefa de prensa Rachel Billings, que estaba escribiendo sobre el rally, acompañase a nuestro equipo en mi moto para hacer algunas fotos en 35 mm. Pero se nos presentó un problemilla: la moto no arrancaba.

Después de 30 minutos de toqueteos y de dedicarle algunas palabras amables, de repente se puso en marcha. Para entonces todos los equipos nos llevaban 30 minutos de ventaja. Estaba empeñado en completar el rally con la Thunderbird, pero la lluvia decidió aplicarse a fondo. Y con mi último par de guantes empapado, la moto comenzó a hacer tonterías. Solo funcionaba a tope de revoluciones. Luego me quedé sin luces y el freno delantero tiró la toalla. Llegué al cartel de Helston y The Lizard: solo quedaban 27 kilómetros. No iba a rendirme ahora.

«Mile End»

Me encorvé sobre el asiento intentando evitar el agua. Vigilaba el odómetro, cantando los últimos kilómetros a grito pelado para infundirme ánimo: 15… 14… 13…

Al final apareció el cartel de Mile End, el último tramo en dirección sur de la isla de Gran Bretaña. Llegué a Lizard Point a las nueve de la noche, justo después de anochecer y cuatro horas tarde, al último punto de control y a la línea de meta. No se veía ni un alma y hacía mucho tiempo que habían retirado las banderas del rally. Era estupendo contemplar el mar desde Lizard Point. Me giré para echar una ojeada a la moto. El faro iluminó el horizonte y pude ver la silueta de la Thunderbird mientras recordaba la vista del mar desde el faro en el extremo norte de Escocia hace apenas unos días, que ahora me parecían mil años.

A la pobre moto le faltaban piezas, apestaba, estaba sin luces, no le quedaban fuerzas y pedía a gritos un engrase. En ese momento, la moto y yo nos parecíamos mucho.

La edición 2019 del Great Malle Rally ha sido el 25 de junio. Échale una ojeada a la ruta de este año en la página web de Malle, que comienza en Cornualles y termina en Escocia. También puedes ver imágenes del evento en la cuenta de Instagram @mallelondon. Y ya de paso, puedes ojear la gama Modern Classics de Triumph para conocer las motos que han usado muchos de los participantes.