Inspiración: Festival

Hanna Johansson on trip around Norway

Cuando la aventura comienza en casa

Con una Street Scrambler hacia el sol de medianoche

La sueca Hanna Johansson siempre se había obstinado en viajar cada vez más lejos sobre una Triumph, pero como todo el mundo le preguntaba sobre su Escandinavia natal decidió cambiar de planes. Fue una epifanía.

Estaba en mitad de un viaje por 20 países en Europa del Este cuando las constantes preguntas sobre su Escandinavia natal le hicieron darse cuenta de que su propio país ya era en sí un destino fascinante. «Me empujaba a mí misma a hacer cosas cada vez más locas, pero cuando estás centrada en mirar demasiado lejos te pierdes lo que tienes en tu propia casa», nos explica.

Empujada por el deseo de conocer mejor Suecia y Noruega y con la intención de llegar a Cabo Norte, en el extremo septentrional de Noruega, «a su ritmo», comenzó a contemplar su tierra natal y sus alrededores.

En tu propia casa

«Todo el mundo con el que hablé en mi viaje anterior me decía que Escandinavia era un destino muy atractivo, pero yo siempre lo había considerado un poco muermo, es lo que pasa cuando vives allí. Entonces decidí que debía investigar mi propia tierra, y desde el momento en el que empecé me di cuenta de que había acertado», nos cuenta.

Hanna utilizó una Street Scrambler de 2018 modificada a la que llamó Clyde, en honor a Bonnie, la Bonneville SE de 2009 en la que realizó el viaje por Montenegro, Albania y Bulgaria.

Según sus propias palabras: «Necesitaba algo sólido para aquel terreno, y tras 1.000 km me dí cuenta de que no se me habían cansado las manos. Los puños calefactables funcionan estupendamente y la nueva tecnología hace a la moto perfecta tanto para viajes largos como para salir de la ciudad, y además se porta estupendamente sobre terrenos difíciles».

El sol de medianoche

Una de las paradas más memorables de Hanna en su viaje de descubrimiento por su propio territorio fue la contemplación por vez primera del sol de medianoche en las islas Lofoten, al norte de Noruega.

«Nunca olvidaré aquel momento junto a Clyde, mirando al horizonte sobre el mar y viendo el último sol. Es una sensación mágica y muy extraña estar allí porque se supone que eso no debería estar pasando, pero cuando pasa, te sientes como si todo fuera posible», nos cuenta.

«Ir en moto te hace valorar las cosas que importan y toda la experiencia fue más singular de lo que esperaba que fuese una aventura en mi propio territorio. Me hizo darme cuenta de que no sabes lo que tienes delante de tus narices hasta que vas y lo pruebas».

«Crucé el Círculo Polar Ártico»

Otra cosa a destacar fue la hospitalidad de sus paisanos durante el viaje de dos semanas y 8.400 km. Cuando se enteraban de lo que estaba haciendo, entre una parada para acampar y otra siempre me invitaban a una taza de té.

«Todo esto me hizo sentirme como cuando era joven y exploraba Estocolmo, donde vivo, por primera vez», recuerda. «La sensación fue aún más fuerte cuando llegué a Rovaniemi, un pueblo de la Laponia finlandesa, donde vive Papá Noel.

«Crucé el Círculo Polar Ártico y acabé en el pueblo de Papá Noel, donde me sentí como si tuviera siete años otra vez, cuando lo vi por primera vez y sentí una gran timidez. Pero esta vez no me senté en sus rodillas».

«Unos paisajes que quitan el hipo»

Las impresionantes montañas y fiordos de Noruega, donde se encontró con el amigo y fotógrafo estadounidense Tim Burke, fue todo un gozo para Hanna y lo reconoce así: «No podía creer la impresionante belleza del lugar, sobre todo porque siempre había estado ahí, a unas pocas horas de distancia».

El ICEHOTEL de Jukkasjärvi, en el norte de Suecia, fue otra revelación: «Es una mezcla de hotel y obra de arte, y es una parada obligada si vas de camino a Cabo Norte. La fascinación de Suecia es más sutil que la de Noruega, que tiene unos paisajes que quitan el hipo.

Durante su estancia en Suecia visitó los mercados alemanes de otoño: «Los suecos de todo el mundo vuelven todos los años para visitarlos. Los mercados eran preciosos y me ayudaron mucho a conectar con mi país y su gente».

El vínculo con Tim añadió una nueva dimensión a los viajes por su tierra natal y le ayudó a verla con otros ojos: «Siempre había viajado sola, así que esto fue una novedad para mí. Aprendí de sus experiencias y durante el viaje tuvimos que llegar a acuerdos, pero no hubo que hacer sacrificios».