El espíritu del 59 sigue vivo

El año que cambió el mundo

«¿Y esto qué es?» un redactor jefe de un periódico británico garabateó una foto de un nuevo cantante de oscilantes caderas que recorría los teletipos de las redacciones de todo el mundo, antes de echársela en la mesa a un compañero.

Elvis and James Dean

Un camionero de Mississippi que respondía al nombre de Elvis Preley estaba desafiando y cambiando las normas sociales. En una época de soporífera música gospel y una vida en blanco y negro, el tecnicolor comenzaba a imponerse en la sociedad.

Los aullidos salvajes de Elvis derrotarían a los cínicos, mandarían la austeridad de posguerra al cajón de la historia y darían inicio a un cambio súbito en las actitudes de una generación de jóvenes para los que cualquier cosa era ahora posible.

La película de James Dean Rebelde sin causa había abierto el camino, al mostrarles sin complejos que podían perseguir sus sueños… y que podían hacerlo como les diera la gana.

La carrera espacial y una moto nueva

En 1959 el espíritu de individualismo, la desconfianza en la generación anterior y el deseo de cambios rápidos se vieron representados en una moto que se convertiría en un icono de diseño de motocicletas durante los siguientes 59 años. La Bonneville nació y se popularizó al mismo tiempo que el presidente John F. Kennedy y el líder de los derechos civiles Martin Luther King avivaban las llamas del cambio a principios de los sesenta, cuando los viajes espaciales, los cómics fantásticos y la cultura popular reflejaban una novedosa negativa a quedarse de brazos cruzados.

El periodista carca que despreciaba la ya no tan silenciosa revolución de un nuevo espíritu hedonista de «vivir el día a día» se quedaba atrás o se veía obligado a unirse como el que más con su compañero.*

La Bonneville más vendida

Para los motoristas que buscaban un cambio, la Bonneville 650 era la moto más rápida de su época y con un color gris perla y mandarina muy del estilo de las cafeterías americanas, a juego con las tonalidades de un nuevo mundo cada vez más vibrante. Era una máquina construida para moverse rápido y no pasar desapercibido. No es por tanto sorprendente que haya acabado por convertirse en la moto de dos cilindros en línea más vendida de la historia.

1959 Triumph Bonneville
La moto que lo cambió todo

La Bonneville, presentada por primera vez en 1958, fue la primera supermoto británica, aunque no tuvo un éxito tan inmediato en los Estados Unidos. Sin embargo, después de cambiarle el faro y los guardabarros para adaptarla a los gustos del mercado americano, se hizo enormemente popular a ambos lados del Atlántico.

La última creación del diseñador de Triumph, Edward Turner, era inequívocamente un verdadero icono británico del motociclismo. Las clásicas curvas que un niño reproduciría con su lápiz si se le pidiera que dibujara una moto siguen estando presentes hoy en día en las últimas versiones de este clásico moderno.

Bob Dylan

Los Rolling, The Doors y Dylan

Cuando los sesenta llegaron a su apogeo, la Bonneville ya formaba parte de la ola cultural de una época en la que el estilo surfero de los Beach Boys cantaba al color y al sol mientras Jagger con los Rolling llevaban su ritmo al otro lado del Atlántico.

Mick Jagger

Hoy ambas bandas, además de The Doors y Bob Dylan, gran amante de las Triumph y cuya carrera comenzó también 1959, siguen siendo tan relevantes y populares como lo eran entonces, al igual que la moto con la que compartieron el protagonismo.

La numerosa e influyente generación del baby boom llevaba ahora la voz cantante y nada quedaba fuera de su escrutinio. Arte, literatura, cine y fotografía. Todo estaba ante ellos para ser cuestionado, llevado al siguiente nivel y mejorado.

La televisión fue muy influyente. Cuando las aventuras de Ben Cartwright y sus hijos en la serie del oeste Bonaza se estrenaron a todo color en la NBC a los pocos meses del lanzamiento de la Bonneville, el mundo empezó a ser consciente de las nuevas posibilidades y a aprovecharlas.

Caóticos y apasionantes, los primeros años de la década de los 60 fueron una acelerada mezcla de rebelión social y política en la que el individualismo y el optimismo en un futuro mejor fueron los motores de la sociedad a ambos lados del Atlántico.

La novela seminal de Harper Lee, Matar a un ruiseñor, desafió al racismo, los prejuicios y el maltrato doméstico y manteniéndose hoy tan conmovedora como cuando se publicó por primera vez en 1960. Al mismo tiempo, la música hablaba de esperanza, amores y desamores y la rabia de una generación que se enfrentaba a la autoridad, temas que aún resuenan entre los nietos de los baby boomers.

McQueen y la evolución de la Bonnie

Lo normal era que todo se cuestionara, y la revolucionaria moto de Triumph no fue una excepción. Como la banda sonora que acompañó a su tiempo, su apariencia y su sonido distintivos se convirtieron en la imagen de las motos rápidas de su época.

Su inconfundible silueta le daba la impresión de ir a ciento sesenta por hora incluso cuando estaba parada, y su motor de dos cilindros con carburador le permitía hacerlo. Esto fue lo que llevó al icono de Hollywood Steve McQueen a la Bonneville en 1964 cuando se cruzó con la Triumph Desert Sled modificada en California.

Su idilio con Triumph comenzó a finales de los años cincuenta, cuando encargó varias motos para correr y meterse por los caminos del desierto. Primero se enamoró de las Triumph 500 y 650, pero la Bonneville lo transportó a un nuevo nivel y su estatus hizo que una multitud de jóvenes se propusiera seguirlo por campos, barrizales, arroyos y caminos de tierra.

Las carreras de un punto a otro requerían que las motos fuesen capaces de pasar sin problemas de la carretera a una amplia variedad de terrenos, y de vuelta otra vez a la carretera. La Bonneville podía hacerlo y tenía un aspecto increíble.

Steve McQueen on a Bonneville

Los preparadores al poder

Por primera vez, los aficionados contaban con una moto que era perfecta para ser modificada. Una moto que ya era preciosa de fábrica pero que se prestaba igualmente a ser personalizada. La búsqueda de la individualidad dio lugar a un boom de los comercios de piezas postventa y la Bonneville pronto se convirtió en una leyenda.

«Si te hubieras ido a Marte en los sesenta, volvieras hoy y vieras la Bonnie de 2015, la reconocerías al instante», dice Lindsay Brooke, historiadora del motociclismo y autora de tres libros sobre Triumph.

«Es una moto con un corazón deportivo y una silueta muy bonita. Vincula e implica activamente al propietario. Todas las Bonneville piden a gritos que las personalices, pero al mismo tiempo son preciosas tal como son», dice. «La gente se siente atraída por ellas porque son unas de las pocas motos en las que el fabricante ha acertado desde el principio.»

Transformación instantánea

Unos rápidos cambios podrían cambiar a la Bonneville casi al instante. Adelantar los reposapiés, elevar y retrasar el manillar y quitar los guardabarros le da el aspecto de una bobber de estilo hot-rod; si se le vuelven a poner parece más una café racer. La flexibilidad era un rasgo muy apreciado por los aficionados a las motos en el 59 y Triumph fue muy alabada por crear una base —y la red de piezas necesaria para que fuese posible— que era perfecta para la personalización a ambos lados del Atlántico.

Esto supuso que la Bonneville pudiera transformarse sin esfuerzo en una café racer inspirada en la Thruxton o una scrambler con el manillar alto. Cuando Triumph empezó a fabricar cruisers, ya se habían sentado las bases que llevarían a la elegante Bonneville Bobber y la informal Speedmaster de hoy en día.

Andy Warhol

El arte y un nuevo enfoque del motociclismo

«Unos simples cambios pueden cambiar el carácter de la Bonneville. Cualquiera que tenga un conjunto básico de herramientas y aptitudes mecánicas puede cambiar la forma del faro o añadirle un elevador de 10 pulgadas al manillar tan pronto como el paquete llegue a casa», explica Brooke. «La plataforma de base es tan versátil que puedo hacerme hoy una café racer y luego volver a convertirla en una bobber unas semanas después, de manera que cambie con mi estado de ánimo y mi estilo de conducción».

«Cambio» era la palabra fetiche a principios de los 60, cuando el mundo veía como se acababa con las fronteras; las versiones pop art de las latas de sopa Campbell y de Marilyn Monroe de Andy Warhol dieron la vuelta a la manera en la que el mundo contemplaba el diseño.

El minimalismo y el arte conceptual animaron a los jóvenes a tener en cuenta nuevos enfoques para casi todo. El lienzo estaba en blanco y la Bonneville entraba sin esfuerzo en la categoría de lo «cool»… una palabra que entonces era parte del argot y hoy ha conquistado el mundo.

Brooke añade: «la Bonneville era una moto llena de fuerza en los 50 y los 60, pero destaca en cualquier época y sigue siendo totalmente contemporánea en el siglo XXI porque el espíritu que la vio nacer sigue siendo el mismo hoy en día».

¿Tienes el espíritu del 59?

*Este artículo está escrito por el redactor de FTR Jim Levack, cuyo padre fue compañero de este periodista.

2018 Bonneville by a coffee bar
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