Inspiración: Lifestyle

La carretera Ángeles Crest

Cara a cara con los halcones

Dakota Clark se lleva al redactor de FTR, Reagan Alexander, equipado con una Go Pro, a una ruta al norte de Los Ángeles por la sierra de San Gabriel a primera hora de la mañana.

Triumph touring in california

Texto: Reagan Alexander

Imágenes: Lauryn Myers

Ángeles Crest es una carretera tranquila por la mañana, una ruta que siempre haces con la esperanza de no ver a nadie que no sean tus compañeros de viaje, si es que la haces con alguien.

Me encuentro con Dakota Clark al pie de las montañas, en una pequeña gasolinera enclavada entre dos carreteras, algo que en cierta medida ocurre con todo en Los Ángeles. Las luces de la gasolinera parpadean anunciando un sorteo de lotería y aún hay algo de esa melancolía nocturna en el aire que poco a poco va difuminando la salida del sol.

Una mañana fresca

«Te va a encantar», dice Dakota. «Va a hacer frío un rato».

Durante la breve parada, Dakota pone sus guantes de cuero entre el motor y el carburador a uno de los lados de su moto, un viejo truco motero para calentar las manos y que da alguna pista sobre su edad.

La historia de Dakota con las motos empezó cuando estaba en el instituto y se gastó 75 dólares en una Honda 50cc de trail del 70 que le compró a un vecino. De ahí pasó a otra Honda, luego a otra Honda más grande, y luego tuvo un accidente que fue para él como la caída del imperio romano.

El sueño de la Bonneville

«Había visto a muchos de mis amigos conducir una Bonneville y me parecía que tenía un aspecto muy chulo. Era una moto que parecía antigua, vintage, pero que podía llevar a Joshua Tree o San Diego sin preocuparme por que se averiara».

Está enamorado de su Bonneville, un modelo de 2014 que ha personalizado para adaptarlo a su estilo de conducción. Decidido pero contenido y relajado. Preparado para el frío del aire, la siguiente curva de la carretera.

«Fui a un concesionario como hace todo el mundo, solo para mirar precios», dice Dakota riendo. «Por supuesto, salí con una Bonneville».

La conducción

Ángeles Crest es donde vas a perderte por las montañas del sur de Los Ángeles. Es la lejanía, es el aislamiento, son las vistas tranquilas de bucólicos campos, laderas empinadas y bosques quemados arrasados por el último incendio. Son rocas caídas y árboles majestuosos, curvas marcadas por restos de caucho quemado que no pueden ofrecer más que una línea caligráfica de una historia. Es lo que Whitman describiría si tuviera la oportunidad de conducir. «Ecos, ondas, el rumor del motor […],

El juego de luz y sombra en los árboles al agitarse las ramas,

El deleitarme solo o en el tumulto de las calles, o por los campos y laderas,

[…] mi canto al salir de la cama y saludar al sol»

Ángeles Crest es una serie de líneas amarillas que te piden que no superes los 40 km/h, como si quisieran retarte en cada resbaladiza curva. Es el lugar en el que un ciervo de 12 puntas se te aparece atravesando la carretera de un salto, con los ojos totalmente abiertos, desde un lugar seguro a otro, con el sonido de sus pezuñas superando de algún modo al de tu motor, y dejándote sin aliento en 5 metros mientras él recupera el suyo.

Es un lugar en el que te encuentras cara a cara con halcones de cola roja, donde te empuja el mismo viento que surcan los cuervos con sus alas que no parecen querer batirse nunca.

Un sentimiento de libertad

«Es tan libre…», dice Dakota de una ruta que muchos hacen pero que pocos entienden, y que se ha cobrado la vida de bastantes aficionados a las motos. «Por mucho miedo que dé, es liberador. Puedes ir y hacer lo que quieras, y puedes volver a sentirte como un niño pequeño sobre una bicicleta de montaña».

«Pero no me hagas mucho caso», Dice Dakota. «Yo no sé nada».

Es una afirmación sencilla y humilde pero que sin embargo tiene mucho sentido para alguien que lleva montando en moto el tiempo suficiente como para saber lo que se siente sobre una moto, solo y sin límites, sin sentirse enclaustrado por los odiosos confines del asfalto. Es decir, que más allá de la siguiente curva de la carretera, lo único que sabemos es que no sabemos nada.