Inspiración: Big Trip

¿Hasta dónde puedes subir?

5 consejos para llegar a lo más alto

Llegar al techo del mundo, casi tan alto como vuela un avión de pasajeros, en moto implica una serie de cosas: Espectaculares horizontes, vistas infinitas y mal de altura. En FTR hemos hablado con quien acarició el récord de 6.360 m de altitud en moto y nos ha sorprendido saber que más alto no significa necesariamente más difícil…

De acuerdo, el equipo con sus Triumph Tiger no batió el récord que habían marcado los tres amigos en 2012 cuando ascendieron el Nevado Ojos del Salado, el volcán más alto del mundo, en los Andes argentinochilenos. Pero obtuvieron la experiencia suficiente como para contarnos lo que no debemos hacer.

Kevin Sanders, de GlobeBusters, nos cuenta la historia: «hasta hace poco, lo más alto que habíamos estado era en el Campo Base Norte del Everest, pero habíamos leído acerca de un paso llamado Khardung La en Ladakh, que al parecer se trataba de la carretera más alta del mundo por la que se podía transitar en moto, así que estaba en la lista».

En la cima del mundo

La mayoría de los mapas de Internet muestran una altitud de 5.359 metros, pero las señales y las camisetas que se pueden comprar en la cercana ciudad de Leh indican 5.602 metros. En cualquier caso, estaba más alto que el Tíbet, pero eso no pudo evitar que a Kevin y su equipo les diese un poco de bajón.

«No me malinterpretes, es una carretera impresionante, con unas vistas increíbles», dice. «Llegas arriba y tienes los síntomas del mal de altura, te falta el aliento y hay nieve.» Pero también hay familias indias en berlinas, minibuses y furgonetas turísticas, porque la gente va a Leh, a 40 kilómetros de la cumbre, y recorre el «paso más alto del mundo».

Entonces, ¿el hecho de que se haya convertido en un destino turístico que va a estar completamente asfaltado en unos pocos años le resta emoción a la hora de cruzarlo? Kevin, un gran defensor de la Tiger XCA, dice: «sigue siendo una carretera increíble y exigente, pero para mí, teniendo en cuenta lo que hemos hecho, no fue tan exigente como esperaba».

Himalayas on a Triumph

En busca de la auténtica experiencia

En parte, esto se hizo evidente cuando el equipo cogió la carretera de Delhi y atravesó el valle de Spiti, una zona remota de desierto entre montañas en lo más alto del Himalaya, en la frontera con el Tíbet. Al estar 3.000 metros más bajo, no se trata del «techo del mundo», pero sus carreteras descuidadas y la necesidad de utilizar caminos 4×4 para atravesarlo lo convierten en una experiencia más auténtica.

«El campo baso del Everest es muy remoto. Estuvimos ocho días cruzando China, pasando por asentamientos que no eran sino unas cuantas chozas con techos de chapa, peleándonos con los camiones y el polvo en las carreteras», explica Kevin. «Los chinos no han tocado el camino de tierra que lleva hasta allí, y se está convirtiendo en un trayecto increíblemente duro. En las alturas que se alcanzan en la meseta tibetana, la cantidad de energía que necesitas para poder conducir por carreteras como estas es inmensa, así que el tramo final hasta Khardung La fue pan comido en comparación».

Una carrera a vida o muerte contra el tiempo

Uno de los mayores riesgos de conducir en las alturas es el mal que puede afectar a cualquiera de forma indiscriminada, independientemente de su edad o condición física. Kevin dice: «Empieza alrededor de los 2.500 metros. Hasta entonces, la mayoría de la gente está bien, pero nadie puede predecir quién se verá afectado y en qué medida».

Un viaje conduciendo y durmiendo en la meseta tibetana casi terminó en tragedia para un miembro del grupo, un piloto de 30 años en plena forma física». Según explica, «llevábamos dos semanas allí arriba, haciendo trayectos a 4.600 metros, pero durmiendo a 3.500. Y no era demasiado para empezar. La deshidratación, los dolores de cabeza, las nauseas y la falta de aire fueron los primeros signos, pero empezó a esconder los síntomas, porque sabía que esto podía suponer el fin de su viaje.

Cuanto más avanzábamos, más empeoraba, y además empezó con la “tos de las alturas” por culpa de la sequedad del aire. Lo siguiente puede ser líquido en los pulmones o el cerebro. Sabíamos que tenía que volver a bajar al nivel del mar y recibir cuidados médicos inmediatamente. Pero eso era más fácil de decir que de hacer.

Lo que siguió fue una carrera a contrarreloj cruzando pasos a 3.500 metros de altitud para llegar a la civilización un kilómetro más abajo en un 4×4, rezando para que no fuera demasiado tarde. Tras un angustioso viaje tanto para él como para el equipo, consiguieron llegar a Lhasa, pero su estado era tan grave que se le trasladó inmediatamente en avión al Reino Unido; fue el final de su viaje, pero, por suerte, no de su vida. Se recuperó por completo.

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Vuela alto… pero seguro. Cinco consejos

  • Lento pero seguro: subir muy alto y muy rápido incrementa el riesgo del mal de altura. La regla básica es subir despacio, por etapas y, si es posible, «conduciendo arriba pero durmiendo abajo».
  • Mantente hidratado: asegúrate de beber mucha agua y evita el alcohol.
  • Tómate tu tiempo: no entres corriendo en el hotel con todo tu equipaje ni montes el campamento a toda velocidad. Te quedarás sin aliento y sin energía muy rápido.
  • Tómate una pastilla: la acetazolamida puede ayudarte a aclimatarte a las alturas, pero los efectos secundarios pueden ser graves: tener hormigueos en los dedos y conducir por una carretera de tierra sin sentir las manos no es un gran plan… Consulta a tu médico de cabecera antes de salir y sé consciente de los efectos que puede causarte.
  • Aprende a identificar los síntomas: si tú o alguien de tu equipo sentís deshidratación, dolor de cabeza, nauseas o falta de aire, planead cómo volver a bajar y buscar asistencia médica lo antes posible.

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