Eventos: Interview

Salón de la Moto MotoLady, Los Ángeles

El triunfo de la mujer en Lucky Wheels Garage

Nuestro reportero hollywoodiense Reagan Alexander asiste al 3.º Salón Anual de la Motocicleta para Mujeres de Los Ángeles

A decir verdad, el típico salón de la motocicleta californiano consiste en un ambiente cargado de humos de escape donde se dan cita la cerveza barata, los tatuajes desacertados y un código de vestimenta que se reduce a cuero, vaqueros, más cuero, cuchillos enfundados en el cinturón y cadenas.

Aunque hay mucha camaradería, motos espectaculares y una fraternal hermandad de aficionados a la mecánica, siempre existe esa sensación de que la más mínima chispa podría encender la testosterona que flota en el aire con la misma densidad que los vapores de gasolina.

MotoLady at Women's Motorcycle Show LA
Fotografía: Sam Bendall

Por tercer año consecutivo, Alicia Mariah Elfving, alias MotoLady, no solo ha cambiado la filosofía de estos encuentros, sino también las conversaciones, gracias a su Salón Anual de la Motocicleta para Mujeres, un evento que se celebra en Lucky Wheels Garage en el centro de Los Ángeles y se anuncia como «un salón de la motocicleta con motos creadas por y para la mujer… abierto a todos, hasta perros y bebés».

Yunques, bailes y la Policía de Los Ángeles

Es mejor omitir cualquier intento de charla superficial y dejar que Alicia describa su salón, ya que la poesía en la que se expresa es tan concisa como directa.

«Mujeres increíbles», señala con una voz de whisky mañanera que días después todavía no se ha recuperado de una noche dando órdenes a gritos y aullando a la luz de la luna. «Motos y chicas increíbles que lo dan todo.»

Hubo motos espectaculares, hubo arte, hubo música, hubo risas y hasta bailes improvisados. Hasta hubo un puesto en el que una mujer trabajaba con una forja, un yunque y un martillo como si una valquiria con el rostro cubierto de hollín hubiera decidido parar para pasar la noche y regalar el sonido del metal chocando contra el metal al estribillo de la noche.

Hubo un helicóptero sobrevolando el evento y elogios de agentes de policía de Los Ángeles hasta que, muy a su pesar, decidieron echar el cierre al llegar la noche.

MotoLady at Women's Motorcycle Show LA
Fotografía: Reagan Alexander

Y sí, hubo perros y bebés. Y lo más importante: se respiró un ambiente ausente en otros encuentros dedicados a la motocicleta. Hubo más que la habitual camaradería, más que el típico intercambio comedido de halagos sobre motos.

Dónde empezó todo

Hace tres años, Alicia contempló el panorama motero de Los Ángeles y pensó: «hay clubes de mujeres, acampadas de mujeres, sitios web de motos para mujeres. Todo eso existe. Pero no hay salón de la moto para mujeres».

Seguro que pioneras de la motocicleta como Theresa Wallach, Bessie Stringfield y las hermanas Van Buren miraron hacia abajo (o hacia arriba) y sonrieron, ya que lo que Alicia pensó después fue: «pues supongo que tendré que ser yo quien llene este vacío».

Su filosofía para organizar algo que nunca nadie había creado antes era muy sencilla: todo el mundo es bienvenido; la única salvedad es que el ego hay que dejarlo colgado del casco en el manillar, ya sea un cuelgamonos o un semimanillar.

«No importa cómo conduzcas: conduce como quieras», dice Alicia mientras ríe con la voz ronca. «Idiotas hay en todas partes, pero puedes conocer a alguien a un lado de la carretera, y esta comunidad no es solo increíblemente pequeña, sino también increíblemente solidaria, así que no importa qué conduzcas: las fronteras se cruzan.»

Así pues, en una fría noche de viernes en Los Ángeles, a medida que cada planta del Lucky Wheels Garage se iba llenando de gente, con 27 motocicletas expuestas y cientos de personas haciendo cola en la calle y la acera, la sensación era de ‘estamos todos en el mismo barco. Todos nos caeremos en algún momento y, si Dios quiere, nos volveremos a levantar. Pero si no te puedes levantar, yo estaré ahí para ayudarte’.

Fundadora y fuerza de la naturaleza: Alicia Mariah Elfving

«Quería dar protagonismo a algunas de las chicas que conozco que tienen motos personalizadas», dice de su salón, una iniciativa aún incipiente y en constante evolución, aunque increíblemente popular. «Recuerdo que cuando era niña me fascinaban las motos y pegaba la cara al cristal cuando veía pasar una.»

Sus padres conducían una, pero se lo ocultaron, y desde pequeña prohibieron a Alicia acercarse a ellas. Pero cuando cumplió los 18, fue a clases de conducir en Team Oregon. Una vez que aprobó el curso con nota y una carta de recomendación para convertirse en profesora, Alicia decidió dedicarse a su pasión recién descubierta o, como ella misma lo describe, «sumergirse de cabeza» en el motociclismo.

«Salvo por Joel, mi instructor, no conocía a nadie en Team Oregon», admite. «Él era la única persona que conocía y hasta probó a conducir mi primera moto.»

«Fue una afortunada coincidencia que llegó en el momento justo».

No podemos culparla por su primer amor, una Ducati Monster 750 de 1998, ya que, ¿quién de nosotros puede decir que nuestro primer amor durara? Solo hay que pensar en Romeo y Julieta o Abbot y Costello. Estamos emocionados, estamos ansiosos, deseamos tanto ser parte de algo que pasaremos por alto prácticamente cualquier cosa.

La MotoLady Alicia sí que sabe lo que es una buena moto después de un primer amor, después de esa primera llamarada y esa primera palpitación del corazón cuando pasa una moto que te dice algo. «Siempre me han encantado las Triumph», afirma. «Nunca me han convencido las Harley. Soy consciente de su trayectoria, pero las Triumph siempre han sido las que me han atraído.»

Al fin y al cabo, el estilo y la sustancia son más importantes que el cromo y el sonido del motor. Incluso más que sonido gutural que te puede llegar de una Ducati desde la calle.

«Me va lo retro, lo clásico y lo tradicional», admite Alicia. «Me gusta todo eso, pero también los frenos. Triumph hace muy bien lo que hace y se renueva, pero sin renunciar a su look clásico.»

Fotografías: Mariya Stangl unless stated.